Nunca imaginé que el mayor desafío de migrar no sería adaptarme a un nuevo país. El verdadero desafío fue encontrarme conmigo.
No llegué a España buscando reinventarme. Llegué creyendo que estaba comenzando una nueva etapa de mi vida. Solo después comprendí que la vida me estaba llevando hacia lugares de mí que todavía no conocía.
Cuando las certezas se tambalean
Con el paso de las semanas comenzaron a aparecer emociones que no esperaba. Había días en los que me sentía profundamente desorientada. Todo aquello que durante años me había dado estabilidad parecía haber desaparecido de un momento a otro.
La distancia de mi familia, la ausencia de mis referencias habituales y la sensación de estar comenzando desde cero empezaron a mostrarme algo que nunca había visto con tanta claridad: muchas de las seguridades que creía tener dependían más del entorno que de mí misma.
Y entonces comenzó el verdadero viaje.
No era un viaje por España.
Era un viaje hacia mi mundo interior.
El cuerpo y la necesidad de una pausa
Mi cuerpo empezó a hablar con una intensidad que nunca antes había experimentado. Aparecieron síntomas físicos, tristeza, agotamiento y una sensación de incoherencia que me resultaba difícil explicar. Había acompañado durante años a muchas personas en sus procesos de transformación y, sin embargo, sentía que yo misma necesitaba detenerme.
Recuerdo que hubo un momento en el que comprendí que no podía seguir haciendo como si nada ocurriera.
Necesitaba hacer una pausa.
No una pausa para abandonar mi camino.
Una pausa para comprenderlo.
Fue una decisión difícil, porque implicaba reconocer que yo también necesitaba atravesar mi propio proceso con la misma honestidad con la que había acompañado el de tantas personas. Dejé de exigirme tener respuestas inmediatas y comencé, poco a poco, a observar aquello que estaba ocurriendo dentro de mí.
Hoy sé que esa pausa fue uno de los mayores actos de amor que he tenido conmigo misma. No porque resolviera todo de inmediato, sino porque me permitió dejar de luchar contra lo que estaba sintiendo.
El verdadero lugar de regreso
Con el tiempo comprendí que la migración no había venido a romper mi vida.
Había venido a mostrarme aquello que todavía necesitaba mirar.
A veces creemos que las crisis llegan para destruir lo que somos. Hoy pienso que, muchas veces, llegan para quitar el ruido que nos impide escucharnos.
Aquella migración no sólo me llevó a otro país.
Me llevó a un lugar de mí que todavía no conocía.
Y fue justamente allí donde comenzó el verdadero camino de regreso.
Quiero cerrar esta bitácora con una pregunta que durante mucho tiempo me acompañó en silencio:
¿Qué está intentando mostrarte la vida a través de aquello que hoy te resulta más incómodo?
Seguimos caminando…