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Cuando una nueva forma de relacionarme me mostró lo que todavía no podía ver

Hay experiencias que llegan a nuestra vida y, sin proponérselo, terminan mostrándonos partes de nosotros mismos que nunca habíamos visto con tanta claridad. Eso...

Cuando una nueva forma de relacionarme me mostró lo que todavía no podía ver
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Hay experiencias que llegan a nuestra vida y, sin proponérselo, terminan mostrándonos partes de nosotros mismos que nunca habíamos visto con tanta claridad. Eso fue precisamente lo que comenzó a sucederme cuando llegué a España.

Migrar no significó solamente cambiar de país, de cultura o de costumbres. También implicó encontrarme con nuevas formas de convivir, de comunicarme y de relacionarme con las personas y con el entorno. Era una etapa distinta, llena de experiencias que me invitaban a salir de aquello que durante tantos años había considerado conocido y seguro. Al principio pensé que el desafío sería adaptarme a una nueva manera de vivir. Con el tiempo comprendí que también estaba aprendiendo a relacionarme conmigo misma en medio de todo aquello.

 La realidad como un espejo 

Mi nueva realidad comenzó a convertirse en un espejo. No porque estuviera ocurriendo algo extraordinario, sino porque determinadas situaciones cotidianas empezaron a despertar emociones cuya intensidad me sorprendía. Aparecieron reacciones que no lograba comprender, miedos que creía superados, inseguridades que pensaba que ya no formaban parte de mí y preguntas que nunca antes me había formulado con tanta profundidad.

Había momentos en los que me costaba reconocerme. Yo, que durante tantos años había trabajado en mi desarrollo personal, comenzaba a encontrarme con aspectos de mí que creía conocer y que, sin embargo, se manifestaban de maneras completamente inesperadas. Recuerdo que durante mucho tiempo intenté entender qué estaba ocurriendo. ¿Por qué determinadas situaciones me afectaban tanto? ¿Por qué algunas emociones aparecían con una fuerza que no esperaba? ¿Por qué sentía que había partes de mí que reaccionaban antes incluso de que pudiera comprender lo que estaba sucediendo?

Nuevas formas de observar nuestras historias

Poco a poco empecé a descubrir que nuestras formas de relacionarnos pueden mostrarnos aspectos de nuestra historia que todavía no hemos aprendido a reconocer. A veces creemos que conocemos nuestras emociones, nuestras fortalezas e incluso nuestros miedos, hasta que una experiencia diferente nos coloca frente a situaciones que nunca antes habíamos tenido que afrontar de esa manera. Y entonces aparecen nuevas preguntas.

Comencé a observar mis expectativas, mis necesidades, mis formas de reaccionar y aquellas historias que, sin darme cuenta, seguía contándome sobre quién era y cómo debía relacionarme con los demás. No fue un proceso sencillo. Hubo momentos de mucha confusión, de cuestionamientos y de una profunda incomodidad conmigo misma.

Pero algo empezó a cambiar cuando dejé de preguntarme únicamente por qué ocurrían determinadas situaciones y comencé a preguntarme qué estaba sucediendo dentro de mí mientras las vivía: 

¿Qué parte de mí estaba intentando ser escuchada a través de todo aquello?

El aprendizaje detrás de la incomodidad 

Ese cambio de mirada fue transformando mi manera de comprender las relaciones. Empecé a reconocer que no siempre reaccionamos únicamente a lo que está sucediendo en el presente. A veces también reaccionamos desde nuestras experiencias anteriores, nuestras creencias, nuestros temores y las formas de protegernos que hemos aprendido a lo largo de la vida.

Comprenderlo no significaba justificar todo lo que ocurría a mi alrededor ni hacerme responsable de las decisiones de otras personas. Significaba reconocer que, aun cuando no podía controlar lo que sucedía fuera, sí podía comenzar a observar con mayor conciencia lo que ocurría dentro de mí. Y ese descubrimiento abrió una puerta importante en mi proceso de autoconocimiento.

Hoy miro aquella etapa desde otro lugar, no porque todo haya sido fácil, sino porque me permitió comprender que las experiencias que vivimos con otras personas pueden convertirse en oportunidades para conocernos con mayor profundidad. A veces, aquello que más nos incomoda también nos invita a mirar lugares de nosotros mismos que habían permanecido fuera de nuestra conciencia. Y quizá uno de los aprendizajes más importantes sea comprender que no se trata de encontrar culpables, sino de reconocer qué podemos aprender sobre nosotros mismos sin dejar de cuidar nuestros propios límites.

Quiero cerrar esta bitácora con una pregunta que sigue acompañándome cuando alguna experiencia moviliza algo dentro de mí:

¿Y si aquello que hoy te incomoda en tu manera de relacionarte fuera también una oportunidad para descubrir algo de ti que todavía no has podido ver?

Seguimos caminando…