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Cuando decidí detenerme para no perderme a mí misma

 El Camino de Regreso Hay momentos en los que la vida no nos pide avanzar. Nos pide detenernos. Durante mucho tiempo pensé que detenerse...

Cuando decidí detenerme para no perderme a mí misma
 

 El Camino de Regreso

Hay momentos en los que la vida no nos pide avanzar. Nos pide detenernos. Durante mucho tiempo pensé que detenerse era sinónimo de renunciar, de perder tiempo o de quedarse atrás. Había aprendido a seguir adelante incluso cuando las cosas no estaban del todo bien. Creía que siempre había una solución, una respuesta o un nuevo paso que dar.

 El desorden interno

Pero al llegar a España ocurrió algo diferente. Poco a poco empecé a sentir que vivía una profunda incoherencia. Por fuera intentaba adaptarme a una nueva vida; por dentro, todo parecía desordenarse. Las emociones comenzaron a intensificarse y el cuerpo empezó a expresar un malestar que nunca antes había experimentado con esa fuerza.

Había días en los que me preguntaba qué estaba ocurriendo conmigo. Incluso hubo momentos en los que pensé en regresar. Creía que quizá, volviendo a lo conocido, volvería también la tranquilidad. Sin embargo, había una intuición que insistía en quedarse conmigo. Una voz muy silenciosa que me repetía que aquello que estaba viviendo no pertenecía a un lugar; pertenecía a mí. Y que, si no me atrevía a atravesarlo allí, probablemente la vida volvería a presentármelo de otra manera.

Una decisión de coherencia

Fue entonces cuando tomé una de las decisiones más difíciles de todo este proceso: decidí hacer una pausa. No porque necesitara descansar, ni porque quisiera abandonar aquello a lo que había dedicado tantos años. Necesitaba algo mucho más profundo. Necesitaba ordenarme por dentro. Necesitaba comprender desde qué lugar estaba viviendo, sintiendo y tomando decisiones.

Por eso decidí alejarme durante un tiempo de la práctica profesional. No fue una renuncia; fue un acto de coherencia. Sentía que no podía seguir acompañando a otras personas sin antes acompañarme a mí con la misma honestidad y profundidad.

El inicio de una transformación

Con el tiempo comprendí que aquella pausa no fue un paréntesis en mi camino; fue parte del camino. La vida no me pidió que dejara de acompañar a otros; me pidió que, por un tiempo, aprendiera a acompañarme a mí misma. Mirando hacia atrás, creo que aquella decisión cambió el rumbo de todo lo que vino después, porque fue en ese espacio de silencio donde empecé a observarme de una manera distinta.

No buscaba respuestas inmediatas; buscaba comprender. No intentaba arreglarme; intentaba conocerme. Y, aunque entonces todavía no lo sabía, aquella pausa terminaría convirtiéndose en el inicio de una transformación mucho más profunda de lo que alguna vez imaginé. Hoy doy gracias por no haber salido corriendo de aquel momento, porque fue precisamente al detenerme cuando comenzó, de verdad, mi camino de regreso.

Y quiero dejarte una pregunta que durante mucho tiempo también me acompañó a mí: 

¿Qué pasaría si, en lugar de seguir corriendo para encontrar respuestas, te dieras permiso para detenerte y escucharte?

 

Seguimos caminando…